Poesía

Ahí está mi pecado impune
el verso y el beso que entregué
al gran ventanal de la memoria
-tuya y mía-:
raíces o ceniza; fuego
en la garganta; caricia
secreta del deseo; ritmo
como sangre que palpita… y sin embargo
nada o menos que nada…
-mudo asombro!-.
Vuelvo a levantar entre estas manos
la tinta y el paso solitario
de este corazón que los días me entregaron:

Hice
lo que pude.

Pero en toda noche desgarrada
estallas como las estrellas buscando su camino
-a modo de esperanza!-,
vagas entre las farolas y las sombras de los muertos
y no sé
en qué latido
vuelvo de mis lágrimas a tus labios,
a toda la luz que lleva tu nombre
y que enciende los campos a pesar
de que sólo sean polvo un día…

Dejadme un verso solo!
Dejadme una piedra sola y fría!

y un latido
y un latido!

zumbar acompasado: libélulas
argenta y nácar: luna de nadie
brisa de agosto: en qué noche…

poesía hasta que el mundo hable
del latido común de todos los hombres!

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Escorados hacia el lado de Dios

En los álamos escorados hacia el lado de Dios te veo
en cada paso que piso y en los sueños que ascienden
del polvo culpable de los caminos que anduve
en la noche sin fin que mordí con dientes de rabia:

te veo

en los ojos que me miran en silencio mientras lloro
y en la música que emana desde otras latitudes
en las culturas que he dinamitado con mi disfraz
de egocentrismo de ególatra y de mí para mí mismo:

te veo

en las huellas que dejo cada mañana
de camino al sexto dia sin sentido como el quinto
en estas cuatro paredes que aprietan mi pecho
diezmado tras cada guerra que libro con el espejo

te veo

en los presagios en los desánimos en el destino tan cierto
de las lenguas blancas de los muertos que seremos
mientras bailan las palabras al otro lado de las lápidas
bajo la sombra alargada de cipreses solitarios

escorados hacia el lado de Dios, tan ciegos!

Azul

Queman
los ojos al mirar
con los ojos del sueño.

Azul
esfera azul a la deriva, ni un paso
sin recuerdo.

¡No despiertes jamás!

¡Savia en los labios de la tarde,
dorado ámbar, crisálida de los rumbos fugitivos,
no despertéis jamás!

Ya despertará el tiempo, sin mirar
hacia atrás, para ser tiempo.
Ya despertará el tiempo, para andar
por los andamios repetidos  de la noche, y ser tiempo.

Intentará penetrar
con su veneno
por la exclamación de las pestañas
por el naufragio de las pupilas narcóticas
por el eco sin custodia de los pasos sin dueño…
para ser sólo tiempo.

¡Tiempo, aparta,
y cabalga, Azul, por la suma de los días:
sólo fuego
en el laberinto de la sangre
celebrando
un corazón irrepetible
que arde en nuestro pecho!

¡Gracias
por no despertar!

Amarillento

He hecho
acopio de luz durante
el largo verano
hasta sentir la vida
a flor de piel.

En vano…
como siempre, en vano…

El frío y la oscuridad
sólo traerán un camino polvoriento
por donde andará la muerte – el letargo,
acaso -, tarareando con voz
trémula
la melodía del fracaso.

Otro otoño amarillento
en el lienzo de la vida,
y las hojas amarillas
cayendo, mientras
la gravedad y el tiempo
las envejecen con su aliento…

cubriendo el cadáver
de este cuerpo
que estrené en verano.

c4

Ya conoces al animal
y su reconstrucción en la mañana:
su alma fría en niebla
los ojos y los estallidos de la sangre.

Ha devorado estrellas y sueños
y ahora es un divagar en el tiempo:
tiempo que echa a andar
como un eco volátil y etéreo.

Ya conoces al animal y – por lo que
intuyes -, su antídoto:
la luz de la memoria diáfana
la luz de las manos inocentes
la luz de las sombras deformes.

La luz, luz y diamante,
la luz que promete
más luz.

Está herido como un remordimiento que corroe.
Está herido como un rayo que grita.

Hombre en luz, verso
en la tarde, bestia
en la inmensidad de la noche.