Gotelé

Lanza un grito desde la suela de los zapatos
a la altura de su boca una mueca se deshilacha
vuelve a su soledad con el rabo entre las piernas
pensando en el fuego de sus antepasados.
Repasando el gotelé de su cuarto de niño de memoria
le cae el techo  encima como un lunes traicionero
sacude el polvo de su flequillo adolescente
asomándose  a un seto de voces de otros jóvenes sin rostro
– ¡a fulanica me la follaría! -.
Pasa las horas y los años entre sueños, labios torcidos de desgana,
música que se ahoga en primeros calimochos…
y pesadillas:
Está dentro de un tambor: uñas y estridencias.
Añora lo que nunca tuvo, deserta de su rostro:
veinte lágrimas salen de sus ojos, derrapan justo antes de colisionar con la barba,
y se avergüenzan.
¡Tres dos uno: despierta! (le dice el café cada mañana)
Y no pasa nada.
Nada por el mar de la memoria:
Naufraga vomita maldice… ¡Nada! Grita
nada… grita grita grita – a veces para adentro:
acidez, más labios torcidos, un esguince en las pestañas y dos padrastros irreversibles -.
Cada noche le dice al despertador que lo llame a las siete
deja un lámpara encendida: luz tenue.
Notas para no perderse en el día siguiente.
Y busca en el gotelé la estela de su vida.

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