Canas

Mira vencido el día
que camina a tu lado,
las escamas de la noche,
estrellas frías, azules de sueño.
Las horas y los minutos
como una humareda,
como el polvo solo
mintiéndose a los ojos;
en una tierra donde no pasa nada
sólo los días en la portada
del periódico.

Ceniza, eso queda,
el tiempo mirándose las uñas,
manto de plata que fuera fuego
devorando las laderas y las sombras.

Sin título

Mira
la poesía de las últimas cosas,
las alas de un ángel de hierro estrellándose contra el tiempo
pastoso y frío, como el letargo.
Mira
qué forma tienen las horas
húmedas, como la lengua de este muerto
que desciende hasta tu sexo.
O mira
cómo la vida entra por los ojos,
ojos que sellan la luz en un ocaso,
bajo los árboles centenarios del recuerdo sin nombre
ni ámbar, ciegos en mi
mirarte; te enseñaré
que en el vicio está el ocio
y que el ocio de los ocios es amarse, con eso,
con todo, ¿sabes, cómo de oscuro estaba fuera de ti?
¡Quiero volver con los pies llagados
a las causas de la luz y de la muerte que me alcanza,
una y otra vez, envejeciendo incomprensible,
pálido y frio como el sonido de la nada!

Prohibido!!!

Ante la mirada metálica del tiempo,
con su resaca, llevando mar adentro
las caracolas donde dicen habitan los recuerdos,
las sombras, los sueños, las ciudades,
el triste tallo, que de vida,
ha venido a morir en el suelo;
nada queda, salvo la luz
besando los cristales de la arena
vacía
como la música sin música ni nubes,
sólo la luz baja y sin sentido,
o el amor después del amor cayéndose del pecho…

Prohibido!!!

Dejar atrás
los pasos pequeños como moscas
las uñas que hieren y aman
el viento que embriaga al desnudo
el llanto!
Dejar, cada
mañana, al salir de casa,
el fuego, el verso, los huesos,
como un gusano frío y quejumbroso
que vive del miedo y de la cera
de los labios de los muertos:
como la tumba del olvido
cavada en el mercurio de las canas.

Prohibido!!!

Prohibido
rendirse si no es en sus labios
pese haber sido sombra, o más que sombra
vapor que se dispersa ante los ojos,
nada!

Y van cayendo mis miembros:
pestañas, párpados,
sangre, que vivirá en los ríos
hasta el mar del olvido,
ojos ciegos y antiguos
o pies cansados de buscarte.

Y la luna sonríe
porque tallo
el poemario que lleva la cuenta
de las veces que he amado
siendo nada!!!

(algo es algo)

hasta cuándo!

Penden los jazmines hacia el abismo sin número
con sombras azuladas como el asfalto en la tarde,
de reojo miran al cielo que con su sol los castiga
con esquirlas de luz o fundiendo metales.
Caen con la gracia del olvido hacia la tarde sin aire.
Quizás, por la noche, inunden el mundo
con su fragancias de pétalos hechos carne,
doblando las esquinas del sueño, cuando
los hombres, tras los párpados, se vacíen
de verbo y conciencia a un mundo sin nadie.
¡Sólo los muertos rasgando la tierra,
sólo las sombras, encorvadas, cantando
a las máculas de la Luna, sus pesares!
Volvamos a ese jazmín que cuelga del cielo,
volvamos al canto, a la voz hueca
de los muertos: volvamos
a las efemérides del olvido, al ciego
sentimiento sin objeto, borrado por el tiempo;
al látigo amargo que lleva la cuenta de las lágrimas;
al desierto con su oasis de esperanza que sólo es,
a la postre, un espejismo; y al espejo
que refleja a un hombre con una copa de vino en la mano
diciendo
celebro lo que he perdido
celebro lo que he perdido
celebro lo que he perdido…
hasta cuándo!!!

Rumor de sombras

Cierro los ojos vacíos y pretéritos
como el universo corriendo hacia la nada
como un pájaro muerto en la tarde de julio
donde el desierto avanza
mientras el hombre duerme la siesta
y sueña sus pesares.

Los cierro, porque una mosca
se posa en mis párpados
creyéndome cadáver…

Esta mosca que, con su zumbar,
niega hasta la nada, leve
espacio sin aire en donde
me disuelvo gota a gota
como un monstruo terrible
que busca en tus ojos el amparo
frente a un sol que no se apaga.

¡Desde dónde mirar,
dime, este baile de máscaras
o de muertos arañando y mordiendo
la cara de un dios que les sonríe:
Ya estáis aquí….!

Abro los ojos:
¡Rumor de sombras hacia el infierno de nadie!