Roja dama.

El tiempo en el cielo de tu boca
la espesura de la idea primigenia
hacedora de mares, barquitos
a la deriva en un campo de rosas

y la misma melodía:
profunda letanía de sonrisas voladoras.

Mansedumbre de estrellas
polos geográficos que apuntan a tu alma:
Resuelta, resuelta y viva
como el clamor sin rumbo
de la huella del mañana.

Moriría, si el cielo fuera negro
y la selva, ya sin vida, negra plata.

Hogar de mis palabras
guía de mis pasos
códice de quien ama;

Reina mía, Reina de esta tierra
en que ahora danzas.

Y bailas y cantas en la hora
en que la brisa es dorada:
la marea humana que esboza
una tarde delicada…

Atardece, y la mar
– llanura sideral que crece y crece –
centellea y siente
que renacerá la vida por Oriente…

si lo ordenas
roja dama.

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Siesta y alejandrino (antiguo)

La justa medida de las cosas:
ánimo y desencanto se mezclan
como la ola avanza hacia la tierra
y con las mismas
huye hacia el centro de su centro
como lava y ceniza
y aire puro…
argamasa en esta tarde que te cuento…

Me desapego de lo corpóreo
el tiempo se ralentiza
huelo a tierra húmeda y marea
siento ingrávido mi centro
pequeñas cosas pasajeras
que en mi mente no retengo
sonidos que se apagan
pausado el aire inundando mi pecho…

Pensamientos livianos
leves: vapor, niebla…
…fundirme en  mi pasado…
tierna, la tarde es tierna
y los párpados, pesados
como plomo (gris y sueño)
como el tiempo (se deshace
en siete notas y ocho versos):

¿Por qué no fuiste noche, por qué no fuiste luna…
olvido, tiempo, collado, cántico, melodía…
cadáver en su triste féretro, niño en su cuna…
ocaso, crepúsculo, medianoche o mediodía…?

¿Por qué no fuiste luz, tiempo, papel, tinta…
escrito que versas sobre el viento, o su dueño…?
¿Por qué tu remembranza, como una lengua extinta…
viene a visitarme cada tarde, en mi sueño…?

El Jardín (Extracto de Construcción y Deconstrucción de la Nostalgia)

Hacia donde habita el olvido, la tarde muere. La risa queda marchita en la aurora del deseo. ¿Sabes? Ayer bebí el vino azul de tus labios. Pero no eran tuyos en aquel instante. Eran de otra y de tantas otras mujeres que en la sombra morían. Atravesé el portón que dividía el jardín en dos; escaleras rosáceas, había hormigas que circundaban mis pies desnudos. En alguna parte quedó tu boca secuestrada. Tarde de junio. Calor resplandeciente. Luz; el sol agobiante revolvía el tiempo ignoto. Crecía la adelfa en derredor de tu sombra. Una especie de recuerdo giraba en torno a tu existencia mientras el cristal dividía en mil fragmentos la luz de la tarde. La brisa traía tu fragancia desde el suelo hasta lo alto. Paseaban dos amantes a los lejos y las lentas sílabas zigzagueantes abarcaban el paisaje con su forma. Crujían las hojas secas a su paso engendrando la melodía que encerraba sus corazones. Camisa, lino fino, la piel se fundía con el horizonte, un sol que se imponía dando a su vez cuerda al recuerdo que germinaba en otro tiempo, eso,

eso es todo lo que tengo, antes
de que ceda mi vida,
antes de que la brisa bese el suelo,
antes de que dé mi último verso.