Pesimismo sin puntuación

    Tú vienes
de la tierra de la miel y las estrellas
de la pátina y la sombra sobre el tiempo
de los árboles carcomidos y el errante
    cielo
que acoge las heridas de las pérdidas
la melancólica luz sobre los campos

    Tú vas
hacía el cúmulo de nombres y de rostros
por el vasto mar de las pisadas
por el numerario bosque de lápidas esdrújulas
por el aluvión de las cenizas de la infancia
    que quiebran en domingo y en mayo
y en bisiesto
y en el frío más solitario

    Y mientras
con la cólera del exilio de las lágrimas
con los ojos rojos de
no
dar
crédito
del despotismo del dolor
con que alguien dispara
al pecho
de un recuerdo
de un solo recuerdo
    limpio
enmarcado en madera pobre y sabia
en el salón de cualquier casa
sabes
que algún día
    todo será
la forma caprichosa que tenga el olvido
en el fondo del mar de los ojos del que mira
    nada

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Charcos.

Sin brújula ni sextante;
sólo pasión y flaqueza.

Con la comisura de los labios reseca
de hablar solo por las calles,
de pisar rostros de esperanzas que
se dibujaban en los charcos,
la noche ciega de estrellas
las estrellas heridas de asco;
y ella, ella, ella…

Sus ojos abisales de un negro profundo
e inconsciente – qué miran, qué fortaleza
remueven, qué sangre
han crispado -.

Su cabello del color del tabaco, y ese
mechón que cae sobre su frente
esbozando
las zonas erógenas de la luna: su
cara oscura – aferrarse
a su espalda sin ver su rostro -:
cráteres de olvido.

Mueve sus caderas al son
de la lengua bífida de serpiente
que nunca
logró arrancar de su costado.

Y su afilada guadaña
y su arista reluciente:
Una cana al aire….
Ya inventará mil excusas
cuando le pidan explicaciones.

San Francisco Express.

Esta condena a que me someto
que es vivir día a día
como puedo;
dejar atrás en la estación del tren
ciertos recuerdos;
y partir… Las vibraciones
me inducen al sueño,
lento, monótono, superficial,
entreabro los ojos, curioseando el paisaje…

… un mundo nuevo
el exterior es un mundo nuevo
se suceden las figuras
como tiempos futuros
y a la vez pretéritos
a través del cristal…

Un niño, en otro asiento,
pide agua a su madre…
yo me hundo en sus adentros…
otra edad, libertad…

Pero hace frío y despierto,
y no hay ya un tren, sino cientos,
de lágrimas tirita mi cuerpo
heladas sus partes; a lo lejos
tu imagen… mas hoy
vuelvo a ser el mismo
una mezcla
de nuevas esperanzas
y viejos miedos.

“Pasajeros al tren”
se oye gritar.

Y no sé si debo…

Antes de empezar el otoño

Pronto,
antes de que nos demos cuenta,
llegará el otoño.

Volverán las hojas secas
los sonidos húmedos
y las tardes más escuetas.

Entonces volvemos al origen
de la tristeza
(a la llamada de la tierra);
la percepción de la pérdida
el gusto a lo insufrible
el olor…, el olor a mierda
la vida cogida con dos pinzas
que no es vida, sólo miseria.

Es un ejercicio que hago de memoria
adelantarme a la tristeza
como un hábito infatigable
(esclavitud y cadena).

Cada año
intento situar en este paisaje
una esperanza pequeña
pero llega octubre
y la ilusión siega:

Cárcel de mi alma
desamor de mis noches
pero, por qué no,
una sonrisa austera.