Devenir

Los pensamientos se engastarán en la noche,
la soledad y sus máscaras
multiplicarán los cuerpos.
Entre las ramas entrelazadas de los árboles
caerá, como una ola furiosa sobre sí misma,
la luna hecha añicos
– como el cristal que pasaremos media vida reconstruyendo:
en la primera mitad, lo rompimos -.

La amarra, el camino, el espejo:
el rostro que envejece al reflejarse.
La piedra, el retrato, el viento:
el velero al que mece el oleaje.
La pintura, el muelle, la calle:
el devenir del asfalto infame.

Luego, después de ahora – en verdad:
nunca, siempre… quién sabe -,
en la transparencia que guía los pasos de los ciegos
estarás tú siendo igual y distinta,
volviendo una y mil veces sobre ti misma…

y tan sólo serás – al zumbido de la luz sobre mi rostro –
la cicatriz que el tiempo deje en mi retina.

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Cálculo de otoño

Y así,
mientras el lápiz empuña la vida,
el quince de septiembre se cuela por la ventana
– no hay postigos que al tiempo detengan –
y mis ojos se preparan
para un otoño breve
– eso ansían, eso quieren -.

En el próximo otoño – dicen -,
los perfumes familiares atravesarán las sienes;
conocer la pulpa de todos los frutos
será ir extinguiéndose sobre un mismo;
y ya,
cuando la luna mengüe
y casi desaparezca la luz
en la noche
y se confundan todas las brújulas;
entonces
sólo quedarán las encuestas,
los datos
y sus extrapolaciones
de lo que hacíamos y sentíamos en verano
estirándolo más allá del equinoccio;
y como el buen matemático
que quisimos ser
las daremos por buenas.

Yo digo que es mentira
que cada hoja amarilla
levantará de la piel de la tierra
una nota de música irrepetible.

Alforjas

Esa oscuridad es el velo de la sangre,
del azufre y de su garra
– y de la huella que deja en los párpados -;
cubre mi rostro con lesa majestad de quien quiebra el silencio.
La ebriedad de voces distantes
dobla las ramas amarillas de la música
y sólo queda el chirriar de la existencia en las venas palpitando:
¿A qué viento rezarle para implorar la calma?
No, no lo hago.

Entonces
en las pinturas de los muros,
donde, al atardecer, alguien
puso: melancolía;
me doblo por la mitad con las manos sujetando mi estómago
y descanso de ser yo;
y me asombro
de las sombras, de cuántas sombras,
salen por mi boca:
y a ciegas, desgajando el aire circundante,
aplastan los segundos para llegar al alba,
un alba gris y fría,
más allá del mal sueño del que desertaría la noche misma,
y que, sin embargo,
alumbra el nuevo día.

Y alforjas rebosantes de esperanza,
hacia la oquedad que hinchados y blancos gusanos
dejaron
en los corazones,
acuden a encontrarse
con la vida.

…ese mismo camino.

Me he acostumbrado
a pasar página
con la frialdad de un glaciar,
con las venas de mi cuello y mi frente
llenas de ira helada.

Luego, sobrevenida,
la culpa cabalga por ellas…
viene, directa, de los dígitos verdes de un radio-despertador
que me hacen saber que aún estoy despierto.

En esas noches de insomnio
me balanceo en la resaca del mar de la nada
que vivo como un todo;
y la necedad, – y quién sabe
si la mala conciencia -,
sostienen mis párpados:
y mis ojos se secan
y me hundo en un pasado
que repaso como el cajero de un banco
cuenta por segunda vez
el mismo fajo de billetes.

A esas horas, la luz
de la luna
castiga las catedrales y los adoquines
que han soportado el paso de tantos hombres…
les recuerda su vejez
y su decrepitud.

Intuyo que empiezo a andar ese mismo camino.

El primer día del resto de mi vida

A las cinco de la tarde
tomé por primera vez conciencia
de que el sol
estaba fuera.
La luz resbalaba por el cielo
dándole una tonalidad más viva
a los seres y objetos de la tierra.

Sentí una verguenza
que colgaba de la diéresis que mis cejas,
arqueadas de asombro,
dibujaban.
Sentí que toda entereza alguna vez quiebra.
No sé si lo que pasó por detrás de mis ojos
era una nube de lágrimas, muy densa:
pretérita.
Lo desconozco.

Es posible que ese sudor de la culpa, la ternura o la inocencia,
una las partes dispersas
en un todo entrelazado;
y así, el mundo se desvele, si no
más bello,
al menos más humano.

¡Qué placer sería
– y digo sería –
que mi ser se desbordara
de lágrimas,
y oler por vez primera
la esencia de los cuerpos y los sueños
con un alma enteramente humana!