…ese mismo camino.

Me he acostumbrado
a pasar página
con la frialdad de un glaciar,
con las venas de mi cuello y mi frente
llenas de ira helada.

Luego, sobrevenida,
la culpa cabalga por ellas…
viene, directa, de los dígitos verdes de un radio-despertador
que me hacen saber que aún estoy despierto.

En esas noches de insomnio
me balanceo en la resaca del mar de la nada
que vivo como un todo;
y la necedad, – y quién sabe
si la mala conciencia -,
sostienen mis párpados:
y mis ojos se secan
y me hundo en un pasado
que repaso como el cajero de un banco
cuenta por segunda vez
el mismo fajo de billetes.

A esas horas, la luz
de la luna
castiga las catedrales y los adoquines
que han soportado el paso de tantos hombres…
les recuerda su vejez
y su decrepitud.

Intuyo que empiezo a andar ese mismo camino.

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