Así fue (Camaradas de sentimientos imposibles) A ella.

Había lucecitas de Navidad
la música, un poco fuerte
y daban, en redifusión, un Madrid-Barça
que nadie miraba.

Aquello era un bar
y la gente hablaba.
La vida, básicamente, es hablar.

Ella dijo algo sobre la Elegía a Ramón Sijé
él pensó que El Niño Yuntero le gustaba más
pero no lo dijo.
De viajes y libros hablaron
y así pasó el tiempo.

Afuera llovía y él
se ofreció a acompañarla a casa en coche.
Fueron a despedirse
y sus miradas se cruzaron.
Él buscó en sus ojos la inmensidad del tiempo,
la eternidad;
pero ninguna chispa surgió
– no surgió el amor –
El minuto posterior duró
exactamente lo mismo que el anterior,
la Luna, impasible, siguió en su sitio
el mundo, en definitiva, era el mismo mundo.
Nada cambió, salvo su corazón.
Ella no notó nada.

“- Buenas noches. Gracias por todo.”
“- Buenas noches.”

¿A quién culpar cuando no hay dioses?
¿A ella? No,
la quería demasiado.

Llegó a casa y buscó la esperanza en una Antología de Ángel González.
Salió a la puerta, encendió un cigarrillo y miró a su perro.

“¿Cómo explicarle a un perro
que me importa más su felicidad
que mi dolor?
El fallo no estaría en que yo no ladre
o él no hable, sería más bien
en que para entenderlo
hay que ser humano”

Así llegó a su cama – vacía
como siempre -. Y durmió.

Aquella noche soñó con un dragón con dos cabezas
y una ficha de dominó perdida en un desierto.

Al día siguiente se despertó
se incorporó, tosió, y encendió un cigarrillo.
“No sé cómo voy a hacerlo, pero hoy
voy a dar lo mejor de mí mismo”.

(Abarán, tarde del 28 de diciembre de 2009)

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Poema de imposibles

Comtemplo una foto de mí mismo
no sabría determinar la edad
pero era pequeño, muy pequeño.
Estaba en el campo, había árboles jóvenes
que ya son viejos
pantalones de pana
y chaqueta de lana, granate.
Tenía un cigarro apagado en la boca
supongo que me lo pondría mi tío Pepe.

Ya ha debido olvidarme aquel niño
recuerdo que recordaba algunas cosas
otras he aprendido desde entonces
unas no me han servido de mucho: el Teorema de Pitágoras;
otras me marcaron: gobernar es servir.

El tiempo da y el tiempo quita
el recuerdo nos hace seguir siendo nosotros mismos
aunque algo haya quedado en el camino:
somos otros y los mismos.

Creo que ahora voy a hacerme una foto
con un cigarro en la boca
para que dentro de mucho tiempo
recuerde lo que era hoy
recordando, a su vez, lo que era antes.

¿Quién seré entonces?
Sólo el tiempo lo dirá.

Iba a decirte algo…

Mira querida
iba a decirte algo…

Por cierto, nunca había visto
esta montaña y este río
desde aquí.
Había pasado mil veces
pero nunca escuché a mis ojos.

¿Qué fuerza elevó esa masa
y qué delicadeza la paró
justo antes de herir a las nubes?
Es de una geometría insondable;
un poco desgastada, su cresta,
supongo que por la lluvia, el tiempo
y el propio olvido de sí misma;
como el ánimo del hombre
una noche sin luna…
Pero es bella.

Y, hablando de geometría:
¿Cuántos lados tiene un instante?
¿Y segundos este río?
Este río que todo lo sabe y calla.
¿Cuántos ojos los han contemplado
y cuántos ojos contemplará
después de nosotros?

Sus aguas, poco profundas;
sus sonidos, de ensueño;
y la montaña, al fondo.
Todo se funde en este segundo
que no volverá.

…Iba a decirte algo…
…y resulta que no me acuerdo…

…no sería importante…

Extracto (I) de Construcción y Deconstrucción de la Nostalgia. (2007)

Amor. Antiguo. La edad está en el aire.
Yo soy quien lo digo. Yo soy quien lo escucho.
A solas en el brocal sentado. Un dardo
lanzado desde lo lejos enardece la tarde. Tú
en tu aurora lentamente desciendes
desde lo alto hacia la tierra
donde serás vista por las claras ninfas. Recuerdo
tu mano sobre los verdes lagos.
Luz. Lucha. Yo soy el que lucha.
Acuidad en la batalla. Flores, lamentos. Nunca
has sido mía. Te sigo, persigo, de tu sombra, la sombra;
de tu aroma, la frente; de tu vida, su ser.
Noche. Soy. ¿Quién soy ahora? Manto de estrellas.
Orión a lo lejos. Voy tras tu recuerdo de nuevo,
o tu fantasía aun sin forma, o tu idea,
pensamiento existente, número perfecto.
La noche me encierra. La noche me aplaca.
Viene tras de sí el alba. Fulgor. Crepitantes
sonidos. Estallan las hojas. De ti aun no sé nada.
Derrengado me hallo. Es mi castigo ¿Qué soy?
El que me piensa. El número ineluctable. Se abre
ante mí un nuevo día. Tú estás en tu mundo.
Sonríes a las máculas de la luna. A mí el sol
me abrasa. Desdicha. El viento. Muero.

Extractos de teología (I)

Porque hay bosques
y lagos que nunca he visto
y cielos
con lucecitas innumerables
pero quizás no haya un Dios
quizás sólo haya un hombre
más grande que yo
más sabio que yo
y más valeroso que yo 
del que aprender.

Aún no lo conozco pero pienso en él,
en cómo moverá sus manos mientras habla a nadie y a todos,
en cómo llegará a su casa y conciliará el sueño,
qué motivaciones tendrá al despertarse
y verse en un mundo que tampoco entiende…

bueno, está ese hombre
y tus ojos…
siempre tus ojos.