Dos versiones de un mismo hecho (antiguo)

I

No sé de dónde vengo. Me cegaron
unos ojos y no recuerdo de quién son.
Eran azules y grises, como la muerte
y el hielo; eran acero: y espada.
Ahora grito y nadie me oye,
¿volveré a ser libre? y qué si no
(nadie me oye) ¿Ante quién
presentaré mis respetos si no hay
nadie al otro lado. Y
si envejezco en esta noche sola…?
¿Seré trigo o palabra?
¿Acero, espada? ¿Ojos
azules y grises? ¿Soldado
sin pueblo? ¿Verano o invierno?
¿Quién soy? A lo lejos
veo unos ojos, quiero saber de quién
son – acero – pero muero
sin saberlo.

II

Alegría, el soldado ha muerto
sin saber quién era, sin más dolor,
vagaba ya unos días entre la muerte
y la vida. Dos disparos tenía en su vientre
y tres días estuvo hablando, entre sueños,
de cuatro aceros – supongo que eran balas-
y de cinco nubes;
seis ojos, tres personas cuidaron de él. Él
decía: espada son tus ojos y acero, siempre
acero- Y entre sueños presentó sus respetos
a mi padre. Mi hermana
lloró su marcha. Ahora yace
en paz en el jardín, bajo él,
nadie nunca más lo oirá. Dos
disparos es lo único que oyó y después
el eterno sueño… ¡y el silencio!

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Siesta y alejandrino (antiguo)

La justa medida de las cosas:
ánimo y desencanto se mezclan
como la ola avanza hacia la tierra
y con las mismas
huye hacia el centro de su centro
como lava y ceniza
y aire puro…
argamasa en esta tarde que te cuento…

Me desapego de lo corpóreo
el tiempo se ralentiza
huelo a tierra húmeda y marea
siento ingrávido mi centro
pequeñas cosas pasajeras
que en mi mente no retengo
sonidos que se apagan
pausado el aire inundando mi pecho…

Pensamientos livianos
leves: vapor, niebla…
…fundirme en  mi pasado…
tierna, la tarde es tierna
y los párpados, pesados
como plomo (gris y sueño)
como el tiempo (se deshace
en siete notas y ocho versos):

¿Por qué no fuiste noche, por qué no fuiste luna…
olvido, tiempo, collado, cántico, melodía…
cadáver en su triste féretro, niño en su cuna…
ocaso, crepúsculo, medianoche o mediodía…?

¿Por qué no fuiste luz, tiempo, papel, tinta…
escrito que versas sobre el viento, o su dueño…?
¿Por qué tu remembranza, como una lengua extinta…
viene a visitarme cada tarde, en mi sueño…?