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Tan distante y tan confuso
como este cielo que ante mis brazos
abiertos se abre,
tan mineral apagado en lágrimas,
tan vacío…
sólo la memoria del aire
o los jirones del tiempo
que mecen los árboles,
el polvo, alguna sombra:
un baile sin saberlo!

Así surge el deseo:
un desierto
yermo e inmóvil
pero dotado de misterio,
alas del recuerdo
que celebran la carne;
único e imperecedero
como una blasfemia lanzada contra la tarde.
Puños y dientes apretados
con la rabia de tantos años y de tanta sangre
(círculos concéntricos!)
Espuma que rompe contra las rocas
y moja este papel en blanco
en donde intento atraparte.
Como quien acude a tu centro
y grita
este yo, egoísta y obsceno.

No busquéis nada que me salve
en el último verso.
Ni un espejo que se rompa
siendo todo sólo un sueño.
No, este yo,
egoísta y obceno!

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