Charcos.

Sin brújula ni sextante;
sólo pasión y flaqueza.

Con la comisura de los labios reseca
de hablar solo por las calles,
de pisar rostros de esperanzas que
se dibujaban en los charcos,
la noche ciega de estrellas
las estrellas heridas de asco;
y ella, ella, ella…

Sus ojos abisales de un negro profundo
e inconsciente – qué miran, qué fortaleza
remueven, qué sangre
han crispado -.

Su cabello del color del tabaco, y ese
mechón que cae sobre su frente
esbozando
las zonas erógenas de la luna: su
cara oscura – aferrarse
a su espalda sin ver su rostro -:
cráteres de olvido.

Mueve sus caderas al son
de la lengua bífida de serpiente
que nunca
logró arrancar de su costado.

Y su afilada guadaña
y su arista reluciente:
Una cana al aire….
Ya inventará mil excusas
cuando le pidan explicaciones.

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2 pensamientos en “Charcos.

  1. Siempre profundo,algunas veces inquietante…..transmites mucho,nene y no todo el mundo tienes ése don 😉 Gracias por compartir tus letras.Alberto.

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