Consuelo

Nada
nada encontrará la muerte cuando se pose en mis ojos
cuando los párpados caigan ciegos sobre ese día inhábil
cuando el telón festeje que no queda nadie
sobre el escenario; y el aire se pierda en la niebla
y la niebla en frío inapelable.

Nada
nada más que simas abiertas en mi carne,
labios violáceos, gesto de ausencia,
tiempo helado en mis venas ahogándose,
últimas esquirlas de luz
de sueños desangrándose.

Nada
nada encontrará en mi pecho
sólo larvas de miedo
carroñeras de gris plumaje
parásitos innombrables
que ya habían empezado a matarme.

No pienses que me ahogo en detalles trascendentes
que me pierdo en no sé qué luces de que otros hablan;
que la vida ha dado vueltas, no la muerte
que cierra su canción con un llanto de tristeza.
¡Mas dondequiera brota de la nada otro llanto de esperanza
el de algún niño que a vivir empieza!

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