Párvulos.

– Todo debe ser intercambiable; nada imprescindible. Mi madre ha mandado a paseo a mi padre, creo que está viviendo ahora entre la casa del campo y la de su hermana. Me lo imagino triste, recapacitando por qué se ha ido todo a la mierda. ¿Sabes Miguelito? Mamá lo ha sustituido por un tío con pelo largo, un poco más joven que ella. Se pasa la mitad del día bebiendo latas de cerveza y la otra mitad en el balcón fumando. Mi madre le ha dicho que no quiere la casa llena de humo, que a ella no le molesta especialmente, pero que quiere proteger mis pulmoncitos. Ya ves el tío cabrón, cuando lleva unas cuantas cervezas se dirige a mí, metiéndose la mano por el pantalón, no sé si será para arrascarse o para recolocarse el paquete; y luego me toca la frente. Casi emocionado, como si quisiera reprimir las lágrimas, me dice, te voy a querer como si fueras hijo mío. Ya ves, todo intercambiable.
– Joder Fernandito, debes pasarlo mal. Ya sabes, los caminos del alcohol son inescrutables. Luisita me contó algo parecido; su padre no paraba de bromear con que un día se iba a ir con una más joven y de la noche a la mañana hizo tabla rasa con su vida. Ahora ni se molesta en saber de ella…
– En otro orden de cosas, como dicen los puestos en oratoria, está buena la seño, ¿no?
– Y que lo digas, no me puedo quitar sus tetas de la cabeza. Cuando viene y se agacha, o cuando me apretuja contra ellas… Joder.
– ¿Por qué será esto así? ¿Por qué nos daremos cuenta de todo como adultos y de golpe, en unos meses volvemos a ser niños sin puñetera idea de la vida? Mira mi hermano que como sabes es sólo un año mayor que yo… Aún recuerdo nuestra última noche de compartir esta clase de conciencia: Nos reímos de mi tío Juan a más no poder con lo de comprar acciones de la CAM, de cómo le decía a mi padre que se animara, que eso no era nada arriesgado. A la mañana siguiente, mi hermano se despertó y era un chiquillo inocente sin memoria de su primera etapa. Cómo me jodió aquello. Yo, que no sabía que le había llegado la hora – recuerdo que era sábado -; al despertarnos le dije, con un grado de ironía supina, sin que mi madre nos oyera, nada, que hubiera invertido en Nueva Rumasa… y se quedó alelado, como si no hablara mi idioma.
– Ya te digo, yo a veces pienso que es el desencanto que acumulamos en tan poco tiempo lo que hace que nuestra mente se ponga a cero.
– La siguiente redención debe ser la muerte, ¿no?
– Supongo, pero para eso aún queda mucho… Mira a la seño… y disfruta.

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