Dos mujeres para una vida.

La una

Cuando un hombre muere
el mundo se olvida de todos un poco.
Vuelve a salir el sol
algo más difuso,
la noche se vuelve algo más fría
y el cielo, menos azul.

Si ese hombre es un ser querido
nos olvidamos de nosotros mismos
un instante;
el sol se oculta una fracción de segundo
y esa falta de luz
es su alma;
lo que recordaremos siempre
desde la alegría
o la pena.

Cuando murió mi abuela
fui yo quien murió del todo,
o por lo menos,
empecé a vivir de otra manera:
comprendí lo que era la ausencia.

La otra

Escribo cuanto te pertenece
por obra u omisión:
la escultura de luz que es tu cuerpo
tus ojos: vidrios, nenúfares,
tus manos, que enlazan la sucesión de imágenes del mundo,
dando forma a las horas
al viento, perdón
al olvido, recuerdo
y a mi boca, palabra.

Escribo como te siento,
pausado,
recordando lo que aun no existe
con cierta nostalgia de lo que no será…

Eres eso, una página en blanco
que se llena con ríos de tinta
con sonrisas en la madrugada
con copas de luz que derraman tiempo…

Y se hace el camino
y voy dando pasos, certeros,
y voy asestando puñaladas a la desmemoria.

Génesis.

Del rocío del amanecer de los tiempos surgieron las ideas
las voces anónimas que inventaron los gestos y las brumas
las distancias insalvables de las gentes, de ciertas gentes,
los odios, los amores y las alegrías y el pensamiento:
un pensamiento cotidiano que moldeaba el mundo…
y el mundo forjaba el pensamiento; ambos iban de la mano.

El hombre era el rocío, amanecer; tiempo:
el mundo no era nada sin él, sólo ceniza sin recuerdo.

Los ojos vieron ternura, dolor y tristeza en la cara del prójimo
y se obró en consecuencia: así surgió la esperanza
de no sabernos más solos de lo estrictamente necesario
por la vereda del río del diálogo, tan ambiguo;
y del soliloquio tan certero como la lengua de la iguana
con el que nos preparamos para pasar por el tiempo
tan incierto como hermoso, constante como el sol
y la muerte.

El fuego crepitó y se hizo el sonido,
una melodía que surcó los mares esféricos
e inundó el orbe de vida;
bailaron las sombras de la memoria
al son de instrumentos aun no pensados…
y volvió la voz una noche de hoguera
a relatar algo que no había existido
sangre que no se había derramado
viajes tan lejanos como inverosímiles
pero reales se sintieron; y partieron
a lugares inciertos… ¡y llegaron!

Y el hombre se supo alegre, gregario y humilde…

Y algunos no lo soportaron
y con lo que sabían, y la muerte,
otros seres crearon:
hombres sobrehumanos que dejaron de ser hombres
para ser deidades a las que el hombre les debería
lo que de por sí era del hombre…

Pero la esperanza era del hombre antes que los dioses
pero el amor era del hombre antes que los dioses
y el mundo era del hombre antes que los dioses…

Ahora es hora de que devuelvan lo que nos deben.

Ahora es hora de que el hombre vuelva a caminar sin miedo.

San Francisco Express.

Esta condena a que me someto
que es vivir día a día
como puedo;
dejar atrás en la estación del tren
ciertos recuerdos;
y partir… Las vibraciones
me inducen al sueño,
lento, monótono, superficial,
entreabro los ojos, curioseando el paisaje…

… un mundo nuevo
el exterior es un mundo nuevo
se suceden las figuras
como tiempos futuros
y a la vez pretéritos
a través del cristal…

Un niño, en otro asiento,
pide agua a su madre…
yo me hundo en sus adentros…
otra edad, libertad…

Pero hace frío y despierto,
y no hay ya un tren, sino cientos,
de lágrimas tirita mi cuerpo
heladas sus partes; a lo lejos
tu imagen… mas hoy
vuelvo a ser el mismo
una mezcla
de nuevas esperanzas
y viejos miedos.

“Pasajeros al tren”
se oye gritar.

Y no sé si debo…

Dos versiones de un mismo hecho (antiguo)

I

No sé de dónde vengo. Me cegaron
unos ojos y no recuerdo de quién son.
Eran azules y grises, como la muerte
y el hielo; eran acero: y espada.
Ahora grito y nadie me oye,
¿volveré a ser libre? y qué si no
(nadie me oye) ¿Ante quién
presentaré mis respetos si no hay
nadie al otro lado. Y
si envejezco en esta noche sola…?
¿Seré trigo o palabra?
¿Acero, espada? ¿Ojos
azules y grises? ¿Soldado
sin pueblo? ¿Verano o invierno?
¿Quién soy? A lo lejos
veo unos ojos, quiero saber de quién
son – acero – pero muero
sin saberlo.

II

Alegría, el soldado ha muerto
sin saber quién era, sin más dolor,
vagaba ya unos días entre la muerte
y la vida. Dos disparos tenía en su vientre
y tres días estuvo hablando, entre sueños,
de cuatro aceros – supongo que eran balas-
y de cinco nubes;
seis ojos, tres personas cuidaron de él. Él
decía: espada son tus ojos y acero, siempre
acero- Y entre sueños presentó sus respetos
a mi padre. Mi hermana
lloró su marcha. Ahora yace
en paz en el jardín, bajo él,
nadie nunca más lo oirá. Dos
disparos es lo único que oyó y después
el eterno sueño… ¡y el silencio!

Te voy a cuidar….

Te voy a cuidar
como el cielo de agosto cuida sus estrellas
el otoño sus hojas marchitas
la viuda, sus recuerdos
la memoria, sus ecos.

Como un suicida al borde del abismo
sus pretextos.

Como un todo:
virtudes
defectos;

hasta la muerte
de los tiempos.

Mañana de mayo.

Mañana de primavera
el humo del tabaco se elevaba caprichosamente
realzando su rostro
al otro lado de la mesa.

Tenue luz que das y quitas alegría a la mañana
¿o no? Explosión de luces y formas
fantasía de mayo
ágape de dioses del Olimpo:
sus ojos.

Desheredados del tiempo como hojas marchitas
formulismos de un te quiero lanzado al viento
Tristeza de una era que se suicida en tu boca
y resplandece
la esperanza de una vida ávida de cielos.

Nombres, proyectos, futuros
carne, hueso, sangre, nervios
iris del color de mi alma
palabra que brota de mi pecho
la garganta tiembla
en un rumor pasajero:
es la lluvia de mayo
que limpia el recuerdo
ternura de tu historia.

El frío ya pasó
nos queda
ese consuelo.

Roja dama.

El tiempo en el cielo de tu boca
la espesura de la idea primigenia
hacedora de mares, barquitos
a la deriva en un campo de rosas

y la misma melodía:
profunda letanía de sonrisas voladoras.

Mansedumbre de estrellas
polos geográficos que apuntan a tu alma:
Resuelta, resuelta y viva
como el clamor sin rumbo
de la huella del mañana.

Moriría, si el cielo fuera negro
y la selva, ya sin vida, negra plata.

Hogar de mis palabras
guía de mis pasos
códice de quien ama;

Reina mía, Reina de esta tierra
en que ahora danzas.

Y bailas y cantas en la hora
en que la brisa es dorada:
la marea humana que esboza
una tarde delicada…

Atardece, y la mar
– llanura sideral que crece y crece –
centellea y siente
que renacerá la vida por Oriente…

si lo ordenas
roja dama.

Siesta y alejandrino (antiguo)

La justa medida de las cosas:
ánimo y desencanto se mezclan
como la ola avanza hacia la tierra
y con las mismas
huye hacia el centro de su centro
como lava y ceniza
y aire puro…
argamasa en esta tarde que te cuento…

Me desapego de lo corpóreo
el tiempo se ralentiza
huelo a tierra húmeda y marea
siento ingrávido mi centro
pequeñas cosas pasajeras
que en mi mente no retengo
sonidos que se apagan
pausado el aire inundando mi pecho…

Pensamientos livianos
leves: vapor, niebla…
…fundirme en  mi pasado…
tierna, la tarde es tierna
y los párpados, pesados
como plomo (gris y sueño)
como el tiempo (se deshace
en siete notas y ocho versos):

¿Por qué no fuiste noche, por qué no fuiste luna…
olvido, tiempo, collado, cántico, melodía…
cadáver en su triste féretro, niño en su cuna…
ocaso, crepúsculo, medianoche o mediodía…?

¿Por qué no fuiste luz, tiempo, papel, tinta…
escrito que versas sobre el viento, o su dueño…?
¿Por qué tu remembranza, como una lengua extinta…
viene a visitarme cada tarde, en mi sueño…?

El Jardín (Extracto de Construcción y Deconstrucción de la Nostalgia)

Hacia donde habita el olvido, la tarde muere. La risa queda marchita en la aurora del deseo. ¿Sabes? Ayer bebí el vino azul de tus labios. Pero no eran tuyos en aquel instante. Eran de otra y de tantas otras mujeres que en la sombra morían. Atravesé el portón que dividía el jardín en dos; escaleras rosáceas, había hormigas que circundaban mis pies desnudos. En alguna parte quedó tu boca secuestrada. Tarde de junio. Calor resplandeciente. Luz; el sol agobiante revolvía el tiempo ignoto. Crecía la adelfa en derredor de tu sombra. Una especie de recuerdo giraba en torno a tu existencia mientras el cristal dividía en mil fragmentos la luz de la tarde. La brisa traía tu fragancia desde el suelo hasta lo alto. Paseaban dos amantes a los lejos y las lentas sílabas zigzagueantes abarcaban el paisaje con su forma. Crujían las hojas secas a su paso engendrando la melodía que encerraba sus corazones. Camisa, lino fino, la piel se fundía con el horizonte, un sol que se imponía dando a su vez cuerda al recuerdo que germinaba en otro tiempo, eso,

eso es todo lo que tengo, antes
de que ceda mi vida,
antes de que la brisa bese el suelo,
antes de que dé mi último verso.

Extracto final de Titán

Llega la muerte

Se acerca muda la muerte
como siempre, por sorpresa,
viene sola, sin remedio,
dando fin a este poema.
Envenenándolo todo.
Puta, ruin y suprema.
“Venciendo hasta la memoria”
ése es su maldito lema.

(Mientras estamos en vida
cabalgamos sobre el viento
llega el vacío, la muerte
y ya todo queda quieto.
Qué pena me da si aun crees
en mitos, ritos y cielos
y dejas para otra vida
casi todos tus anhelos.

Quizás queden enterrados
como tú mismo y tu cuerpo;
descompuestos y olvidados)

Muero

También soy quien cierra mi propia vida
como figura de angustia y de muerte
soy quien vela mi mismo cuerpo inerte
rindiéndome mi propia despedida.

A mi desenlace sólo le ruego
un segundo de calma, un balance,
el último, si aun está a mi alcance
que me dé, si es posible, el sosiego.

Soy la última cuenta, sumo y calculo
nunca da igual el saldo conseguido
(no pesa conciencia en paz, estipulo)

como resultado de lo vivido;
Y así me transformo con disimulo
en una lápida que dice “He sido”.

 ********

Aunque quizás me retuerza
ahí, sumido en mi tumba
al no haber dicho con fuerza:

¡Qué lástima no poder ver mi propio epitafio!
¡Qué lástima no ver muertos a mis enemigos!
¡Qué lástima no poder haber desbancado a Dios!
¡Qué lástima no haber sido mejor que yo mismo!

Soy el verso doscientos treinta y tres y te robo el alma.
Soy el verso doscientos treinta y cuatro y te doy la muerte.

Reflexión póstuma

Y así se saldría la muerte con la suya,
dejándome sin vida
Y hundiéndome en una atmósfera ciega de ciegos rencores.

Y sin embargo,
siendo el que crea y el que censura,
desdeño lo que el odio
ha hecho más arriba
y lejos de robarte el alma
quiero que sea tuya,
y lejos de desearte la muerte
espero darte una vida, una,
con su muerte, sí,
con su incansable finitud, turbia,
pero también con su dignidad

y todo porque uno sólo tiene
lo que da.

Así lo conocí.

Y me diluí
me difuminé en la memoria de los muertos
mi cuerpo desapareció en los campos de concentración alemanes
mi miente pensó en la nada.

Fui nada y todo en un instante.

Siendo sólo bruma, una banco de niebla
que no se siente a sí mismo
noté cómo alguien me reclamaba:
Fui nada pero tenía un objetivo:
centrarme en quien aun tenía esperanza.

Siendo nada, todo lo di
siendo nada, di mi mejor sonrisa.

No pensé en mi futuro
del tiempo me deshice
olvidé mi nombre y mi historia.

Sólo sentí que alguien al otro lado del cristal
reclamaba una palabra de consuelo.
¿De dónde saldría esa palabra si nada tenía?

Pero salió.

Y conocí el amor.

Así fue (Camaradas de sentimientos imposibles) A ella.

Había lucecitas de Navidad
la música, un poco fuerte
y daban, en redifusión, un Madrid-Barça
que nadie miraba.

Aquello era un bar
y la gente hablaba.
La vida, básicamente, es hablar.

Ella dijo algo sobre la Elegía a Ramón Sijé
él pensó que El Niño Yuntero le gustaba más
pero no lo dijo.
De viajes y libros hablaron
y así pasó el tiempo.

Afuera llovía y él
se ofreció a acompañarla a casa en coche.
Fueron a despedirse
y sus miradas se cruzaron.
Él buscó en sus ojos la inmensidad del tiempo,
la eternidad;
pero ninguna chispa surgió
– no surgió el amor –
El minuto posterior duró
exactamente lo mismo que el anterior,
la Luna, impasible, siguió en su sitio
el mundo, en definitiva, era el mismo mundo.
Nada cambió, salvo su corazón.
Ella no notó nada.

“- Buenas noches. Gracias por todo.”
“- Buenas noches.”

¿A quién culpar cuando no hay dioses?
¿A ella? No,
la quería demasiado.

Llegó a casa y buscó la esperanza en una Antología de Ángel González.
Salió a la puerta, encendió un cigarrillo y miró a su perro.

“¿Cómo explicarle a un perro
que me importa más su felicidad
que mi dolor?
El fallo no estaría en que yo no ladre
o él no hable, sería más bien
en que para entenderlo
hay que ser humano”

Así llegó a su cama – vacía
como siempre -. Y durmió.

Aquella noche soñó con un dragón con dos cabezas
y una ficha de dominó perdida en un desierto.

Al día siguiente se despertó
se incorporó, tosió, y encendió un cigarrillo.
“No sé cómo voy a hacerlo, pero hoy
voy a dar lo mejor de mí mismo”.

(Abarán, tarde del 28 de diciembre de 2009)

Nueve versos de amor y una manzana (a Joaquín Carrasco)

– ¿Te has acordado de comprar manzanas?
– No.
– Sólo queda una.

– Para ti.
– Déjalo, para ti.
– La partiremos por la mitad.

– Mañana paso por la tienda.
– Paso yo, me coge de paso.
– Mejor, iremos juntos.

Poema de imposibles

Comtemplo una foto de mí mismo
no sabría determinar la edad
pero era pequeño, muy pequeño.
Estaba en el campo, había árboles jóvenes
que ya son viejos
pantalones de pana
y chaqueta de lana, granate.
Tenía un cigarro apagado en la boca
supongo que me lo pondría mi tío Pepe.

Ya ha debido olvidarme aquel niño
recuerdo que recordaba algunas cosas
otras he aprendido desde entonces
unas no me han servido de mucho: el Teorema de Pitágoras;
otras me marcaron: gobernar es servir.

El tiempo da y el tiempo quita
el recuerdo nos hace seguir siendo nosotros mismos
aunque algo haya quedado en el camino:
somos otros y los mismos.

Creo que ahora voy a hacerme una foto
con un cigarro en la boca
para que dentro de mucho tiempo
recuerde lo que era hoy
recordando, a su vez, lo que era antes.

¿Quién seré entonces?
Sólo el tiempo lo dirá.

Iba a decirte algo…

Mira querida
iba a decirte algo…

Por cierto, nunca había visto
esta montaña y este río
desde aquí.
Había pasado mil veces
pero nunca escuché a mis ojos.

¿Qué fuerza elevó esa masa
y qué delicadeza la paró
justo antes de herir a las nubes?
Es de una geometría insondable;
un poco desgastada, su cresta,
supongo que por la lluvia, el tiempo
y el propio olvido de sí misma;
como el ánimo del hombre
una noche sin luna…
Pero es bella.

Y, hablando de geometría:
¿Cuántos lados tiene un instante?
¿Y segundos este río?
Este río que todo lo sabe y calla.
¿Cuántos ojos los han contemplado
y cuántos ojos contemplará
después de nosotros?

Sus aguas, poco profundas;
sus sonidos, de ensueño;
y la montaña, al fondo.
Todo se funde en este segundo
que no volverá.

…Iba a decirte algo…
…y resulta que no me acuerdo…

…no sería importante…

Extracto (I) de Construcción y Deconstrucción de la Nostalgia. (2007)

Amor. Antiguo. La edad está en el aire.
Yo soy quien lo digo. Yo soy quien lo escucho.
A solas en el brocal sentado. Un dardo
lanzado desde lo lejos enardece la tarde. Tú
en tu aurora lentamente desciendes
desde lo alto hacia la tierra
donde serás vista por las claras ninfas. Recuerdo
tu mano sobre los verdes lagos.
Luz. Lucha. Yo soy el que lucha.
Acuidad en la batalla. Flores, lamentos. Nunca
has sido mía. Te sigo, persigo, de tu sombra, la sombra;
de tu aroma, la frente; de tu vida, su ser.
Noche. Soy. ¿Quién soy ahora? Manto de estrellas.
Orión a lo lejos. Voy tras tu recuerdo de nuevo,
o tu fantasía aun sin forma, o tu idea,
pensamiento existente, número perfecto.
La noche me encierra. La noche me aplaca.
Viene tras de sí el alba. Fulgor. Crepitantes
sonidos. Estallan las hojas. De ti aun no sé nada.
Derrengado me hallo. Es mi castigo ¿Qué soy?
El que me piensa. El número ineluctable. Se abre
ante mí un nuevo día. Tú estás en tu mundo.
Sonríes a las máculas de la luna. A mí el sol
me abrasa. Desdicha. El viento. Muero.

Extractos de teología (I)

Porque hay bosques
y lagos que nunca he visto
y cielos
con lucecitas innumerables
pero quizás no haya un Dios
quizás sólo haya un hombre
más grande que yo
más sabio que yo
y más valeroso que yo 
del que aprender.

Aún no lo conozco pero pienso en él,
en cómo moverá sus manos mientras habla a nadie y a todos,
en cómo llegará a su casa y conciliará el sueño,
qué motivaciones tendrá al despertarse
y verse en un mundo que tampoco entiende…

bueno, está ese hombre
y tus ojos…
siempre tus ojos.

Cántico espiritual

Tú llegaste hasta mí, como una herida,
magnolia de estrellas desdentada
que interroga a cada instante
y que no es nada
sino fuego o agua o sombra, siempre alerta.

Tú llegaste hasta mí, como esta parte
de tierra que encumbras la otra tierra
luna de verduras y osamenta
veneno de escorpión; a veces arte.

Y de dolor se aflige lo mundano
tus sonidos, como un mundo
sin mundo aparecen
negro como la muerte de un hermano
negrura y espesor que a veces crece
bosque de dolor; y a veces bosque
o nube o aire o tierra, o lago.

Y así se conforma el paisaje
de este páramo sin luz
– a veces sueño-
y cada cosa con su sombra
– sin concepto-;
letanía de las cosas innombrables:
alma sin dueño:
locura que es ahora lo que siento
y amor que llega tan tarde
que presiento
que es mi alma en el infierno lo que arde.

Soneto del suicidio

He buscado el sentido de la vida
en la flor sepultada de rocío,
en el corazón ígneo, en el frío
de la sinrazón negra, tan temida;

y más, lo he hecho observando la piedra,
la nube, la montaña, la ternura
de un niño que desde la blanca altura
ve a su vez el agua, el musgo y la hiedra.

He buscado el sentido de la vida
de lleno en lo vivo y en lo inerte;
todo ha sido un callejón sin salida

aunque quizás me sonría la suerte
y así subyazca el instinto suicida:
tengo que ir a encontrarlo con mi muerte.

Monólogo

Saberme fuerte en los monólogos me alegra.
Soy bueno: me convenzo, puedo conmigo.
A veces no razono; me impongo,
con nombres represento mi entorno,
cada palabra acaba en sí misma.

Prevalece cierto resplandor en lo que suena:
a veces un monosílabo, procuro no negarme,
y si lo hago, disputo una revancha.
Aunque a veces fallo
y en mi cara se esculpe un lamento

¿Quién ha podido conmigo?
Quizás el otro, el que callaba,
el que siempre espera su turno:
tímido, pero más razonable

que el fanfarrón que viste y calza.

1977

Afuera es todo ruido – la nube
amenaza con agua –,
adentro es todo silencio – el agua
me rodea – y sueño
con mi tierra: imperio
del viento. Corre enero,
el día séptimo
del año del Señor
de 1977,
afuera es todo cielo – es de noche –
y el aire, cortado por el hielo,
viene y va – corre –
detrás de la luna; en su suelo
se abren cráteres, montañas
– satélite ciego
que nos acompaña –.
Afuera el día se ha ido
– no me quejo, aunque
estaba bien allí adentro –.
Llega la madrugada:

Ya me han parido.

En recuerdo del Marqués de Caramaco

Nunca más mis ojos mirarán
la misma cosa dos veces
aunque entre ellas distaran
horas, días o meses:
ni a la luna de la noche
ni al sol resplandeciente
ni a lo que ahora nace
ni a lo que luego muere.

Y nunca serán mis ojos lo mismo
después de conocerte
te miren como te miren
te sueñen como te sueñen
porque no hay dos tiempos iguales
ni iguales hay dos sienes:
que piensan siempre al otro
y dicen nunca y dicen siempre.

Y mis ojos, lo que miran, los que miran,
cansados están de saberse
vacíos; vacío el mundo:
tristes, grises e inertes.
Aunque también son esperanza
de que un tiempo mejor llegue
pleno; pleno el mundo:
alegres, mas allá de la muerte.

Lobos

¿Qué querrán de mí esos lobos hambrientos?
Vienen con sus garras, con su sano apetito,
con la muerte y su estandarte,
en silencio, con sigilo, y están
a las puertas de la ciudad
acechando o disponiendo
las figuras de este juego.
¿Qué quieren? Siempre la ancestral muerte
de algún desamparado (cual cordero)

Y vienen traídos por los vientos del norte
o por ríos de infernal hechura; vienen
y se repiten en cada paso
y arrollan la tierra cuando,
atraídos por la sangre,
acuden a la intemperie
de las almas, de los seres.
¿Quién los guía por espeluznantes caminos
o por sombras o por bosques o por mares?

Vienen sin respuestas, para ellos, los lobos,
todo es interrogación o deuda de sangre.
No ha lugar a la queja
no diferencian los gritos
de las mujeres y niños.
Las almas jóvenes
saben de su existencia
por cuentos de viejos recitados en las noches
con sus hogueras; cuentos tristes, sanguinarios.

Algunos lugareños hablan de ritos y simonías
hablan del pasado en que se fraguó todo
y de si tendrá remedio
este presente oscuro
este saberse muerto
aun antes del sacrificio.
Ya no hay lugar, me temo,
para la esperanza, tú lo sabes, niña que entre niñas
puedes, sólo tú, salvarme de la angustia, de sus garras.

Prometeo (dedicada a H. Relectura de Lolita)

Busco en tus ojos el fuego de Prometeo
robo a los dioses – colosal ironía –
su esencia y sus dromedarios;
visto de negro, soy cálido y suave
como el cisne – blanco o negro – ya
no importa. Ahogados en la luz
de esta tarde mortificante, soporífera,
buscamos el fuego justo y libre
en los ojos, en las manos; buscamos
salvarnos del castigo, alejarnos
de las garras del otro – tan inseguro –,
de su visión borrosa, de su
prominente frente, o su espantoso
achaque de ira y de posesión.
Hay un coche viejo y azul
son sólo veinticinco pasos
no lo pienses, es un instante, y luego
la eternidad. G. el Humilde te habla
te tiende la mano… tú y tu fruto
seremos tres fuera del alcance
de esa especie de prosaico Zeus. Él
tiene bastante con su fe, con
su forma de oprimir sus posesiones.
Son sólo eso, posesiones, posesiones,
y éstas están para ser robadas.
Ahora busco en tus ojos sólo tus ojos,
es tarde, cae la noche, sus ojos
no volverán a saber de nosotros…

… duerme, duerme, duerme…
… G. el Ladrón te protege.

Antes de empezar el otoño

Pronto,
antes de que nos demos cuenta,
llegará el otoño.

Volverán las hojas secas
los sonidos húmedos
y las tardes más escuetas.

Entonces volvemos al origen
de la tristeza
(a la llamada de la tierra);
la percepción de la pérdida
el gusto a lo insufrible
el olor…, el olor a mierda
la vida cogida con dos pinzas
que no es vida, sólo miseria.

Es un ejercicio que hago de memoria
adelantarme a la tristeza
como un hábito infatigable
(esclavitud y cadena).

Cada año
intento situar en este paisaje
una esperanza pequeña
pero llega octubre
y la ilusión siega:

Cárcel de mi alma
desamor de mis noches
pero, por qué no,
una sonrisa austera.