Poesía

Ahí está mi pecado impune
el verso y el beso que entregué
al gran ventanal de la memoria
-tuya y mía-:
raíces o ceniza; fuego
en la garganta; caricia
secreta del deseo; ritmo
como sangre que palpita… y sin embargo
nada o menos que nada…
-mudo asombro!-.
Vuelvo a levantar entre estas manos
la tinta y el paso solitario
de este corazón que los días me entregaron:

Hice
lo que pude.

Pero en toda noche desgarrada
estallas como las estrellas buscando su camino
-a modo de esperanza!-,
vagas entre las farolas y las sombras de los muertos
y no sé
en qué latido
vuelvo de mis lágrimas a tus labios,
a toda la luz que lleva tu nombre
y que enciende los campos a pesar
de que sólo sean polvo un día…

Dejadme un verso solo!
Dejadme una piedra sola y fría!

y un latido
y un latido!

zumbar acompasado: libélulas
argenta y nácar: luna de nadie
brisa de agosto: en qué noche…

poesía hasta que el mundo hable
del latido común de todos los hombres!

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